grillosazules

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Wednesday, July 09, 2008

De Ingrid, Madeleine y otros fantasmas


Finalmente Ingrid Betancourt ya retoma poco a poco su vida familiar y política y por lo que percibo en sus recientes entrevistas, trae un ímpetu con grandes esperanzas, pero ahora quiero referirme a otro hecho que ha ocupado también una buena parte de mi tiempo en buscar, aunque fuera, una nota regular o mala, no se, que sirviera sin más para ponerle un punto final a este fantasma que me hace repasar una y otra vez las ediciones digitales.
Hablo de la niña británica Madeleine McCann, quien como Ingrid ocupó espacios importantes en los diarios del mundo por su misteriosa desaparición hace poco más de un año, y de la cual aún no hay indicios, todo está como si se la hubiera tragado la tierra, aunque algunos consideran que puede estar sana y salva en algún rincón del planeta. Y obviamente ahí deben figurar sus padres, Kate y Gerry McCann.
Madeleine desapareció el 3 de mayo de 2007 cuando tenía 4 años mientras estaba de vacaciones con sus papas y dos hermanos menores en un complejo hotelero del Algarbe, en el sur de Portugal. Se esfumó de la habitación donde dormía junto a los hermanitos y nadie puede explicárselo, ni el matrimonio que cenaba a esa hora con otros amigos, ni los empleados del hotel u otros testigos pudieron decir ni jí.
Y son las santas horas que la policía portuguesa, después de dar como sospechosos a los propios progenitores, todavía debate sobre las pesquisas y aluden a que se necesita una nueva revisión del caso porque a fin de cuentas ni ellos, ni los británicos saben a derechas qué se hizo, ni hacía donde dirigir la investigación. Lo único cierto es que la pequeña ya cumpliría, de estar viva, en este mayo que pasó, los cinco años.
Por eso hoy tenía en mente escribir un “engome” a favor de los perros abandonados y en contra de los desalmados que los dejan botados en las avenidas, placeres, portales y calles de este país, pero me he disociado una vez más con los problemas del mundo, entonces el entorno en que vivo y las desidias que lo rodea se me disuelve en otras imágenes, verdaderamente terribles e inhumanas, y no es que deje de pensar en todos esos perritos de ojos tristes e infortunados que andan vagabundeando por Carlos III o Centro Habana, pero su situación se me torna insignificante y pueril cuando pienso en lo que puede estar sufriendo esa pequeña que vi en las fotografía en El País. Bueno, pero por suerte puedo decir que ya la Betancourt desayuna en casa.

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