grillosazules

Si le interesan mis temas me pueden escribir a grillosazules@gmail.com que de seguro le responderé, y ya está.

Friday, July 18, 2008

De La Habana Vieja





Por aquí andaba hoy en uno de esos paseos que una se busca para cambiar el rollo, timbiriches de churros sin café con leche, maracas, tambores y collares de Santa Juana, pero lo que más me gusta es ese sabor que tiene el café cubita en la esquina de Mercaderes, !Eso no tiene precio¡ sobre todo por la cortesía del mulato que despacha.


Creo que es uno de los mejores cafés del planeta, y mira que los he tomado buenos, pero este también tiene la cualidad que son de a peso, como el cover al mirador de la Cámara Oscura. Una distracción misteriosa que se oferta en el edificio amarillo de la foto a la izquierda, ese recostado contra el cielo que desemboca a la Plaza Vieja en un estilo imperial y en su último piso se concentra el reflejo del sol para escrutar los recovecos más secretos de la ciudad. Desde ese aparato satelital lo mismo sorprendes a un fisicoculturista en paños menores en el Vedado que a una reyerta ilegal de boxer en una azotea de Miramar. El prodigio de la tecnología que nunca excede a la imaginación, yo lo disfruto siempre que voy, al igual que el café y el chocolate, aunque este último es en cuc, lo que no excluye a nadie en particular porque se de muy buena fuente que por paladearlo sentada en sus salones se gastan unas colas de ampanga, y familias enteras son capaces de coger un sábado la guagua desde San Agustín para tomar esas cremas batidas en molinillos, igual a las que sirvieron en copas de oro en 1538 a las damas invitadas al banquete para firmar el tratado de paz entre Carlos V y Francisco I de Francia.


Pero me fui lejos de mi paseo, y les pido disculpas porque quería decir que la composición de la foto de los coches es en la esquina de Obispo y Mercaderes, justo a la derecha del hotel Ambos Mundos donde se hospedó Hemingway, pero no salió en la foto, me refiero al hotel, claro, y a esta hora de la tarde la luz me resultó mañosa y sin palomas, que de seguro Eusebio les mandó la merienda, y no hay que asombrarse, cada una se engulle más de un kilo de chícharos en un día, y no tienen que preocuparse por el baño ni por el agua de tomar, el historiador les ha mandado a construir canaletas, fuentes y surtidores en las calles y los parques, por eso están gordas y apelotonadas como deben ser las palomas.

Y ahí los dejo, hasta más ver.


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