grillosazules

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Sunday, August 17, 2008

La rumba eres tú




Este es uno de los espectáculos que realiza la UNEAC los miércoles alternos para que las personas disfruten de la rumba, y al que fuimos llevados por ese virus infecto contagioso que es la remembranza (mándate con el nombrecito). Lo digo así pensando en los años noventa cuando comenzó en estos jardines la actividad folklórica y éramos punto fijo en cada convite, en esa época, como hoy, ocupamos un palco alrededor de la pista por donde aparecían por orden los primeros orichas, aunque ya creo que ni en el firmamento de las deidades existe tal orden, porque ahora ví a la dueña del cementerio y a yemayá desfilar seguidas del íreme de los abakuá, y más tarde algunos bailadores, que sin esfuerzo alguno aunque sin pasión, lucieron sus actitudes gestuales.




Claro que tocó el legendario conjunto de rumba Clave y Guaguancó, pero para asombro mío nada que nos moviera a la emoción que antaño se experimentaba en la Peña del Ambia, famosa por los cuatro costados ante los auténticos desenlaces que otrora provocaran grupos como Yoruba Andabo u otros olúes batás, como éste mismo que hoy, y con el mayor respeto, se han dispersado un poco con la música. Y pienso, ¿Qué de aquellos duelos de columbia que tanta expectación despertaban? ¿Qué de tantos guaguancoses mortales? ¿Qué del voluptuoso Yambú? Tres esencias musicales inseparables que no pueden faltar en ningún lugar donde se diga que hay rumba, y además, se cobre la entrada. Y digo yo, ¿adónde habrá que ir entonces? Porque en la TV brilla por su ausencia, tampoco hay otros escenarios, excepto en el abigarrado Callejón de Hamel, del que hablaré más adelante, porque no es rumba precisamente ese mosaico almidonado de negros bailadores que ponen para rellenar algunos materiales televisivos, como quien dice, para cumplir con el simbolismo y que no nos acusen de xenófobos.




Es cierto que ya quedan muy pocos de aquella pléyade de músicos magistrales, Virulilla, Saldiguera, Chá Chá, Chavalonga, Tata Guines, Tío Tom, Callava se han ido, y ahora recientemente Puntilla en Nueva York. Percusionistas, compositores, bailarines e improvisadores que supongo hayan dejado sus seguidores, esas generaciones que han seguido sus pasos, que tienen por aquello del mejoramiento de la estirpe, una mejor instrucción en las escuelas especializadas que les faltó a un Chano Pozo o a un Pancho Kinto.




Ahora con lo del callejón de Hamel es otra cosa, se da una rumba espontánea y con rumberos de cualquier parte, consagrados o no, están ahí cada domingo del almanaque, sin cover y sin almidones, en la calle misma por defecto de no estar en su sitio de origen, y a merced de un Centrohabana irredento pero con la ética del respeto. Más allá no hay más que eso, la cuna del guaguancó no guaguancoea. Entonces ¿dónde están los rumberos que la clave no se escucha? ¿Muerte del género? Eso me suena a filme de suspenso. Pero, ¿A quién caramba le puede interesar?

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